Sentir es gratis, pero conlleva un esfuerzo.

sábado, 12 de febrero de 2011

Seamos uno.

Sí, sí y sí. Tírate a la piscina de cabeza y procura no ahogarte. No andes, ni siquiera a paso ligero, corre y ve a buscarle. Cruza los semáforos en rojo, para el tráfico si hace falta, y que el claxon de los coches no te impida cruzar el paso de cebra, procura que cada paso que des tus pies caigan en las rayas blancas, porque si caen en las negras retrocederás a la casilla de salida y el tiempo disminuirá.
Que las suelas de tus zapatillas se desgasten, que suelten chispas y que tus zancadas alcancen las de un jugador de baloncesto, no pares, porque sino el tren que se lleva a la persona a la que quieres ya abra partido, las puertas se abran cerrado y no se abrirán por ti, los billetes estarán tirados en el suelo, las maletas estarán en su sitio con el nombre puesto y el piloto estará al volante.
No pares, ni se te ocurra frenar, apura los semáforos en ámbar y desgata las esquinas con tus hombros, aunque acaben doloridos, que los zapatos se te deformen de coger impulso en los bordillos y que los dedos se te agarroten de sujetarte en las barandillas. Que las miradas de la gente no te importen, aunque piensen que eres un loco desenfrenado, que el vaho salga de tu garganta y que no te caiga en sudor por la sien y roce tus mejillas, sino que llores por los ojos, porque estas a punto de perderla.
No respires hondo, no pares, que ya estás en la estación. No bajes las escaleras de dos en dos, ni de tres en tres, ni si quiera de cuatro en cuatro, sáltalas, haz un salto mortal, saca las alas que desconocías hasta ahora, y aprovéchalas, este es tu momento, porque solo se despliegan una vez en la vida, que el dolor en los pies no te pare y salta las barandillas.
Ya está ahí, pero no pares, corre hacia ella, quítale el equipaje de las manos y abrázala. Abrázala con todas tus fuerzas, y fúndete en ella. Retírale el pelo y que tus yemas de los dedos rocen su cuello y susúrrale quédate conmigo.

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